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viernes, 2 de enero de 2015

Un año que se va y otro que llega...

En fin, pues ya que no hice balance antes de finalizar el año, como casi todo el mundo, al arrancar el 2015 toca anotar al menos algunas impresiones, ¿no? Al fin y al cabo, no es que no haya hecho balance del 2014, sino que no lo he compartido. Pues allá vamos, a contaros en qué quedó la cosa.

Yo soy una de esas personas que cada año hace propósitos que a veces cumple y a veces no, pero que siempre empieza el año nuevo con nuevas metas, nuevas ilusiones y nuevas energías. Empecé 2014 con una idea muy clara: llevaba un tiempo escribiendo, relatos y también novelas y quería empezar a publicarlas.
Una vez definida mi idea, descubrí que había varios objetivos que cumplir. De entrada, supuse que apenas nadie se interesaría por comprarme una novela si no habían leído antes nada mío, y creé este blog para ir publicando en él algunos relatos. Se me ocurrió buscarles algo en común, crear una especie de serie... y así surgieron las Doce maneras de enamorarse. Reconozco que me sorprendió la buena acogida que tuvo esta iniciativa, y la cantidad de gente que empezó a seguir mis publicaciones. A día de hoy, aún me sorprende la cantidad de ejemplares que he vendido de un libro que ha estado ya un par de veces en descarga gratuita, y aun así se sigue vendiendo. Al no ser una novela, no me lo esperaba, la verdad, pero me alegro muchísimo de que haya gustado tanto. 


En papel quedó precioso, y es un librito estupendo para leer a ratos y distraerse, sin más pretensiones. Todas las historias tienen su encanto, aunque por supuesto tengo mis favoritas, como todo el mundo. Y la última es una de ellas. Un cierre, a  mi parecer, perfecto.
El hecho de sacarlo en papel fue para cumplir con otro de mis objetivos: aprender a maquetar y publicar en Createspace. A día de hoy creo que es algo que controlo sin mayores problemas, así que otro punto cumplido.

Antes incluso de haber terminado la serie de relatos, me lancé a publicar mi novela "Empujones del destino". Empecé haciéndolo en digital, y se mantuvo durante varios días en el número uno del ranking de erótica, y durante una buena temporada entre los primeros puestos, recibiendo además muy buenas críticas por parte de lectores y blogs. Por supuesto no a todo el mundo le gustó por igual, pero pretender eso sería una estupidez, o eso pienso yo. Para gustos hay colores. El caso es que yo estoy feliz con las valoraciones recibidas, y encantada de la cantidad de lectoras que se enamoraron de Samuel y quisieron darle dos collejas a Nadia. 


Allá por el mes de agosto, antes de que "Doce maneras" saliera en papel, me llegaba una noticia que ha sido una de las mayores recompensas del año. La Colección LCDE, que había surgido un mes atrás, me admitía entre sus nuevas autoras. Es un proyecto que me gustó desde el primer día, así que participar en él fue, y sigue siendo, un orgullo y un honor. Espero poder seguir aportando mucho a esta fantástica iniciativa.

En octubre asistí a mi primer encuentro literario, el III Evento B'Radic, en Barcelona. Fue un día maravilloso, de encuentros inolvidables y experiencias irrepetibles. Me reuní con muchas amigas que no conocía en persona, conocí a muchas otras, me divertí muchísimo, aprendí un montón, y me quedé con ganas de repetir, por supuesto. Pero lo que resaltaría es que me sentí una escritora entre compañeras, lectoras y blogeras. Fue un momento de esos en plan "créetelo, estás aquí, tienes lectoras que quieren saber cuándo sacarás el próximo libro, eres escritora, y no solo porque tú lo creas así". 
Y por cierto, el relato que presenté al concurso del Evento resultó seleccionado, así que... otro logro más.

Y por fin, después de mucho pensarlo, me decidí a cambiar la portada de Empujones del destino. Me costó. Mucho. La primera portada la había hecho yo, y me gustaba. Era diferente a lo que veía en el mercado, y para mí eso era importante. Pero quería sacarlo en papel y la novela se merecía una portada profesional. Me recomendaron a Alicia Vivancos, y el resto... es historia.


Alicia reinterpretó la primera portada dándole una imagen mucho más romántica y más luminosa, pero manteniendo esa diferenciación que era tan importante para mí. La portada es simplemente preciosa, y cuanto más la miro, más me gusta. Y en papel el libro es sencillamente espectacular:


Otro sueño cumplido. Y seguimos sumando.

Y por fin, poco antes de acabar el año, cumplía otro de mis sueños, objetivos, o como queráis llamarlo. "Depredador" salía publicado el 30 de diciembre, en mitad de la navidad. He comentado ya que en realidad, esa fue mi primera novela, así que le tengo un cariño especial. Y en estos pocos días que lleva a la venta, ha conseguido situarse en los primeros puestos de romántica y también en una muy buena posición en el top 100 de Amazon. En este momento y después de que yo estuviera enredando con las categorías hace un par de días, está número uno en el ránking de erótica. Pero eso es lo de menos. Lo increíble es la acogida que ha tenido, la cantidad de gente que lo compró ya en preventa, la que ya lo ha leído llevando solo un par de días disponible, y los ya cuatro comentarios de 5 estrellas que acumula en Amazon.es. Gracias, de verdad. Ha sido un broche perfecto a un año lleno de alegrías. 


Pero ¡un momento! Me falta un objetivo por anotar... Al empezar el año me puse el reto de leer 50 libros. No había hecho nunca una reseña, ni ese era el objetivo de este blog, pero me gusta leer, y me pareció interesante ir comentando lo que iba leyendo. Unos meses han sido muchos libros y otros pocos, pero tengo que decir que prácticamente todos han merecido la pena. He descubierto nuevas autoras que me encantan, he disfrutado con libros de otras que ya conocía y admiraba, he leído a algunas compañeras de LCDE, y he aprendido algo de cada lectura. La entrada de "lecturas del mes" ha tenido muy buena acogida desde el principio, y la voy a seguir manteniendo, desde luego. Con las lecturas arrancan precisamente mis objetivos para el año nuevo.


Y aquí empiezan mis propósitos.
Otras 50 lecturas, para empezar. Procuraré ir alternando autoras nuevas con otras que ya conozco, y variando de géneros dentro de lo que me gusta, como he hecho hasta ahora. Hoy he visto un reto que me ha hecho gracia aunque no me planteo seguir, pero aprovecho y lo pongo aquí por si a alguien le apetece. Yo creo que me limitaré a ir tachando lo que coincida, pero sin matarme para cumplirlo. Hay cosas demasiado... ilógicas. Pero es divertido, hay que reconocerlo:


Definitivamente no creo que lea ningún libro que le guste a mi madre, porque no tenemos los mismos gustos. Los libros que tenía que leer en la escuela ya los leí, los thrillers de misterio no me van especialmente... pero en fin, iré tachando de la lista los que coincidan y a ver hasta donde llego. Mi reto se limita a 50 libros, del tipo que sean. El resto es a título anecdótico y para echarnos unas risas.

Y del resto de propósitos no os voy a hablar, aunque los tengo muy claros. Sí os diré que Depredador saldrá pronto en papel, que pretendo acabar en un plazo razonable la novela fantástica-paranormal en la que sigo trabajando, y también que aún tengo varios proyectos en el cajón que iré sacando cuando corresponda. Mi principal objetivo es seguir trabajando como hasta ahora y no defraudar a la gente que me ha dado un voto de confianza en este mundillo tan difícil. Gracias por compartir esta aventura conmigo.
¡Y feliz 2015!






martes, 23 de diciembre de 2014

y el relato continúa...

Hace unos días os mostré cómo empezaba el relato del que salió mi primera novela. Hoy he decidido poneros el resto. El primer capítulo del libro llega un poco más allá, pero con esto creo que es suficiente para que os hagáis una idea. 

* * * * * * * * * * 
Un relato que se convirtió en novela (II). 
Si no has leído la primera parte puedes hacerlo AQUÍ


Ha pasado una semana y sigo dándole vueltas. Cada vez que veo un hombre moreno y alto, me da la taquicardia. Al final no sé si ha sido peor arrepentirme de lo que “no” hice. Esta mañana he llegado a Madrid para pasar el día en una feria, en la que esperaba divertirme con todos los amigos que tengo aquí, pero sigo acordándome de él a cada rato. Aún quedan un par de horas, y nuestro stand está muy concurrido. Estoy charlando animadamente con mi compañera de turno cuando escucho una voz que hace que mi estómago casi se salga por mi boca.
—Vaya, esta feria se acaba de poner interesante...
Levanto la vista y está frente a mí, vestido con vaqueros y camisa negros y luciendo su mejor sonrisa bajabragas.
—Rafa... ¿Qué haces aquí?
—¿En Madrid o en la feria? —Sonríe con picardía y después se responde a sí mismo—: Pues muy sencillo: vivo aquí y he venido a acompañar a un amigo.
Mi compañera lo mira con la boca abierta hasta que llega el mencionado amigo y le empieza a pedir información sobre nuestro stand. Yo no sé dónde meterme.
—Creo que me debes una disculpa por desaparecer así la otra noche.
Voy a morirme de la vergüenza... A duras penas consigo balbucear:
—Lo siento.
—No me vale. ¿A qué hora sales?
—A las ocho, pero tengo planes, voy a cenar con unos amigos.
No puedo creerme que le esté rechazando otra vez, debo de ser idiota.
—Pues diles que tendrás compañía. A las ocho estaré aquí. O antes. Y que no se te ocurra darme plantón.
Me tiemblan las rodillas cuando se da la vuelta y se va.
—¿Quién es ese tío?
—Mmm... Un amigo.
Me niego a explicarme con más detalle, ignorando la curiosidad de mi compañera mientras atiendo la consulta de una oportuna señora. Cuando me quiero dar cuenta, son las ocho menos diez y la voz profunda y segura de Rafa me sobresalta de pronto.
—Bueno, todavía no te has escapado.
Respiro antes de contestar, tratando de parecer tranquila y hasta indiferente.
—Ya te lo he dicho, he quedado ahora con mis amigos.
—¿Les has dicho que voy también?
Su tono no deja entrever inseguridad. Más bien parece que me esté aclarando que no me va a dejar más opciones.
—No hay problema, será una cena improvisada y unas copas.
—Me gusta el plan, aunque se me ocurren mejoras...
Me dedica una mirada provocativa y sé exactamente el tipo de mejoras del que habla. Mi pulso se acelera de forma automática.
—¿Querrías por favor cortarte un poco? Me haces ponerme continuamente a la defensiva.
¡Joder! odio cuando me dan esos arrebatos de sinceridad, pero me agota estar todo el rato de tira y afloja con él. Sus cejas se arquean por la sorpresa, pero enseguida se recupera.
—No te prometo nada, supongo que es mi naturaleza..., pero lo intentaré.

Paso por el hotel para cambiarme de ropa. Le hago esperar en el hall asegurándole que serán 15 minutos. Realmente soy de esas mujeres capaces de arreglarse en 15 minutos. Me doy una ducha relámpago; mi pelo está bien, así que no tardo nada. He traído un vestido tipo camisero, corto, ajustado y con volantes en el bajo. Servirá. Desabrocho un par de botones del escote. En dos minutos me retoco el maquillaje, me calzo las sandalias y en el tiempo prometido estoy de nuevo abajo. Me mira con gesto apreciativo.
—Vaya, estaba mentalizado para esperar mucho más.
—Me alegro de sorprenderte.

Cenamos en un grupo no muy grande, una hamburguesa, en el sitio de siempre. Rafa atrae todas las miradas, aún sin proponérselo. Tengo una especie de sensación de triunfo cuando me doy cuenta de que está allí por mí, pero me dura poco: aunque vaya donde yo le marque, él sigue siendo el cazador y yo la presa.
Entramos en el primer local a tomar una copa y me sigue de cerca, apoyándose en mí con gesto posesivo. Mi cuerpo me traiciona de nuevo, porque me estremezco bajo su contacto. Vamos hasta el fondo del local, que tiene una pinta de antro... La gente es de lo más variopinta, y la música igual. Se acerca a la barra y vuelve con un cubata de ron y un Malibú con piña.
—No te he preguntado, pero creo que esto estará bien, ¿no?
—Sí, gracias.
Doy el primer trago y enseguida se acerca a mis labios, con una sonrisa pícara.
—Me gusta cómo sabe esto en tu boca...
Dejo el vaso y esta vez le beso con ansia. No puedo más, me rindo. Si hace falta, ya me arrepentiré mañana.
Me arrincona contra la pared como hizo hace una semana, pero esta vez me agarro a él con fuerza. Huele a alguna colonia cara y sexy. Me besa el cuello y su barba de cuatro días me hace cosquillas en la piel. Sus manos me sujetan por las caderas hasta que una de ellas se mete bajo mi falda. Lo primero que siento es un fuerte pellizco en el culo. Me tapa la boca con la suya justo a tiempo de ahogar el grito que dejo escapar.
—Eso por haberte escapado.
La caricia que sigue lleva sus dedos hasta lo más profundo de mi interior, dejando la braguita a un lado. Si ya estaba mojada, ahora me siento deshacer bajo su contacto. Me avergüenza pensar que alguien vea lo que está haciendo, apenas me tranquiliza que estamos en un rincón y él es bastante grande... Empieza a follarme con los dedos, mientras frota mi clítoris rítmicamente. Jadeo y apenas consigo susurrar:
—Rafa, no, por favor...
—Shhh... No voy a dejarlo hasta que te corras. Aquí.
No me da tiempo a replicar ni a escandalizarme. El implacable ataque de su mano sobre mi sexo es tan preciso y efectivo que casi inmediatamente estallo en un orgasmo demoledor. Ni siquiera sé cómo consigo mantenerme en pie mientras me besa profundamente acallando mis gemidos. Cuando saca los dedos de mí y se aparta sonriendo, el triunfo brilla en sus ojos oscuros.
—Eres odioso, ¿lo sabes?
—¡Venga ya! Te gusto tanto como tú a mí. Eres un reto, y yo no puedo resistirme a ser retado.
No tengo nada que responderle. Tiene razón, me gusta muchísimo. Coge mi mano y susurra:
—Ven, vamos al baño.
—¿Al baño? —repito, confundida.
Dirige mi mano a su entrepierna. La erección presiona con fuerza los vaqueros negros.
—También necesito relajarme.
Me suelto como si me diera calambre. Me recorre un estremecimiento que no sé si es de excitación o de indignación, o las dos cosas.
—Tú estás loco. No pienso follar en el baño.
Me mira con esa sonrisa provocadora mientras vuelve a coger mi mano.
—Si prefieres que te folle aquí mismo, no tengo inconveniente.
Reacciono con rapidez, empujándolo para que camine. Entramos en el baño y ante la cara entre escandalizada y envidiosa de un par de chicas que esperan, nos encerramos tras una de las puertas. Dios, no me puedo creer que esté haciendo esto, menos mal que aquí no conozco a nadie...
—Tendrás condones...
—Por supuesto, no pienso darte ni la mínima excusa para escaparte otra vez. Apóyate en la pared, así.
Me pone de cara a la pared y se coloca a mi espalda. La excitación me invade mientras sube mi falda y casi me arranca las braguitas de encaje.
—No seas bruto, no puedo salir de aquí sin bragas.
—Pues a mí me parecería de lo más sexi.
Me quito las bragas del todo antes de que me las rompa. Justo me da tiempo de volver a apoyarme con ellas en la mano cuando se agacha y me pasa la lengua por la entrepierna, apretando suavemente mi abultado clítoris. Se levanta y me acaricia profundamente con una mano mientras con la otra se abre el pantalón y libera su polla dura y caliente. Solo me suelta para ponerse rápidamente un condón.
—No te muevas, sujétate.
Me penetra con fuerza y empieza a embestirme rudamente. Lo siento ponerse rígido justo cuando mi cuerpo comienza también a escalar un nuevo orgasmo. ¡Oh, no, espera un poco, por favor…!
Como si me leyera el pensamiento lleva los dedos sobre mi clítoris y en el momento justo en que lo siento estallar dentro de mí, me corro violentamente. Tengo que morderme la boca para no gritar.
Respirando profundamente se aparta, tira el condón, se recompone la ropa y me tiende la mano mientras me vuelvo a poner las bragas. Salimos del baño ante la mirada estupefacta de las chicas que esperan.
Volvemos con los demás, y soy vergonzosamente consciente del rubor de mis mejillas, mientras que él está tan fresco y encantador como siempre. Pasa la siguiente hora provocándome. Me toca distraídamente a cada rato, me mira como si leyera en mi mente, y me besa como diciéndome que esta noche soy suya y no tengo escapatoria. Al final no aguanto más y le susurro:
—Vámonos. Hoy soy yo quien tiene una habitación a dos manzanas.
Me mira con una sonrisa burlona.
—¿En serio? ¿No te estás divirtiendo?
Su respuesta me desconcierta, hasta que caigo en la cuenta de que, otra vez, me está provocando.
—No es justo, lo que estás haciendo. ¿Qué quieres, que te suplique?
—Sí, es exactamente lo que quiero.
Mi orgullo grita en mi interior "dale un bofetón, se lo merece". Pero lo silencio mientras me miro en los ojos oscuros de mi depredador.
—Por favor, llévame a mi hotel y fóllame hasta dejarme exhausta.




(Y para saber cómo continúa, me temo que tendréis que comprar la novela...)

viernes, 19 de diciembre de 2014

El principio de un relato que se convirtió en una novela

Hoy tengo una sorpresa. Tal vez no sea mucho, pero... este es el principio de un relato que se convirtió en una novela, en mi primera novela, la que voy a publicar en muy poquito tiempo. Estoy dándole el último repaso a la corrección para evitar en lo posible las erratas y muy pronto estará a la venta en Amazon bajo el sello de la Colección LCDE. 
¡Qué nervios! En fin, espero vuestras opiniones...


* * * * * * * * * * * * * * 

Noche de chicas. Hacía tiempo que no salía con mis compañeras de trabajo, y lo cierto es que me apetecía, pero me estoy empezando a agobiar. La cena ha estado bien y nos hemos reído un montón, pero este pub está abarrotado, hace un calor horrible, y además no hay ni un tío bueno que alegre la vista. Los que no son demasiado críos están visiblemente echados a perder... Bueno, menos ese que está bajando las escaleras.
Parece bastante alto, tiene el pelo negro un poco largo, y una barba de cuatro días estudiadamente descuidada. Va rodeado de Barbies, cómo no. Y parece estar desplegando su encanto con todas ellas.
Una de mis amigas me saca de mis pensamientos.
—Acompáñame al baño, anda.
Cojo mi combinado y la sigo. Cruzamos el local hasta el baño, y allí me revuelvo el pelo mientras la espero, odio llevar los rizos aplastados.
Al fin, volvemos al bullicio del pub. De camino al rincón donde están las demás, voy a dar un trago a mi Malibú con piña cuando alguien me empuja y me lo tira encima. Me quedo clavada en el sitio, con la camiseta empapada y sintiendo el hielo en la piel. El culpable se da la vuelta y... es el moreno de las escaleras.
Creo que ha intentado disculparse con una sonrisa, pero estoy tan cabreada con mi look "Miss Camiseta Mojada" que le interrumpo con un "¡Imbécil! ¿Por qué no miras por dónde vas?" y lo dejo con la palabra en la boca mientras regreso al baño a ver si puedo arreglar el desastre. No hay secador de manos, así que tengo que quitarme la camiseta y escurrirla, y aun así sigue empapada. Para colmo de males, creo que me he puesto la más ajustada que tengo, se adivina perfectamente el sujetador de encaje negro.
Salgo del baño y está esperando afuera.
—No me has dejado disculparme.
A pesar de sus palabras, tiene un aire de autoconfianza que hace que suenen como "ha sido culpa tuya". Lo cierto es que es bastante guapo, y las Barbies me están mirando de reojo. El típico macho Alfa, lo que me faltaba...
—No te molestes, tus disculpas no van a secar mi camiseta.
Decide ignorar mi tono francamente borde.
—Me llamo Rafa, ¿y tú?
—Yo no.
Me doy la vuelta y me voy, con una sonrisa perversa en la cara. Mis amigas se sorprenden de que pueda dar ese tipo de contestaciones, pero es lo más efectivo para quitarse de encima a los pesados.
Vuelvo con las chicas y les tengo que explicar lo de mi camiseta mojada. Se escandalizan cuando menciono el corte que le he pegado.
—Pues si es ese que viene para acá, no te ha servido para quitártelo de encima —me susurra Ana.
No me lo puedo creer, y me niego a mirar, pero no me queda más remedio que darme la vuelta cuando me pone la mano en la cintura y se pega literalmente a mi espalda.
—¿Siempre eres tan peleona?
—A veces más. Y por cierto, estas invadiendo mi espacio.
—Ni te imaginas de qué manera me gustaría invadir tu espacio.
Por una vez, me quedo sin palabras, y no es algo que suela pasarme. Entonces añade:
—¿Qué estás tomando? Al menos déjame que te invite a una copa, por la que te he tirado.
Mira con descaro mi camiseta y siento que se me suben los colores.
—No, gracias.
Cuando hago amago de darme la vuelta, me coge la cara con las manos y me besa sin darme tiempo a reaccionar.
Me aparto y levanto la mano con claras intenciones de darle un buen bofetón. Me sujeta a tiempo la muñeca, relamiéndose los labios.
—Malibú con piña, ¿no? Ahora vuelvo.
Se va hacia la barra y me quedo en shock. Pero, ¿esto qué es? Este tío me está rompiendo todos los esquemas. Ese beso ha hecho subir mi temperatura varios grados... Sabe a tabaco y a ¿ron?
Mis amigas están igual de alucinadas que yo, o casi.
—¿Qué ha pasado? —me pregunta Ana con los ojos como platos.
—Que me ha metido la lengua hasta la yugular.
—Ese quiere meterse en tus bragas —se ríe Inés—,  y no está nada mal.
Levanto la cara con una pose orgullosa. Solo me faltaba escuchar eso.
—Pues la lleva clara... No es mi tipo.
—¡Y una mierda! Lo que pasa es que te jode que te esté aguantando el pulso de esa manera. Tiene tanto carácter como tú, por lo que se ve.
Es posible. La verdad es que mi imagen de borde es más fachada que otra cosa. Supongo que la mayor parte del tiempo solo intento protegerme.
—Aquí tienes, Malibú con piña.
Está de vuelta, con cara de no haber roto un plato en su vida. A estas alturas no sé muy bien cómo reaccionar, pero le cojo la copa.
—Vale, pues gracias..., Rafa. Supongo que estás disculpado. —Ignoro a mi cerebro que me dice que aún le debo un bofetón por besarme con ese descaro.
—Si no te importa, me quedo un rato. Estoy en la ciudad por trabajo, y la conversación en el grupo con el que he venido no es muy interesante.
Le sonrío con malicia. Aún estoy tratando de decidir si me deshago de él o no.
—¿Y por qué crees que aquí vas a encontrar conversación más interesante?
Se acerca un poco más a mí, y mi pulso se dispara.
—Porque tú me pareces muy interesante.
Parece notar que su proximidad me hace ponerme a la defensiva y me da un poco de espacio. Lo cierto es que, a pesar de la poca conversación que se puede tener en un pub abarrotado, parece un tipo inteligente y divertido. Tiene una sonrisa seductora, y lo sabe. Y se mueve con la gracia de una pantera. Es un depredador, se le nota. Con el claro inconveniente de que yo odio sentirme una presa.
Se va moviendo mientras hablamos y cuando me doy cuenta me tiene medio arrinconada contra la pared. Y las cabronas de mis amigas se están divirtiendo de lo lindo.
Apoya la mano en la pared a mi espalda. Está tan cerca que, en un momento en que se inclina para hablarme casi al oído, su pecho roza mis pezones sobre mi camiseta húmeda. Inmediatamente reaccionan enviando un estremecimiento hasta mi entrepierna, que se contrae y se humedece, ajena a mi voluntad. Tomo un trago de mi vaso, tratando de poner distancia entre él y yo. Me afecta demasiado.
—¿Puedo probar un poco?
Su voz suena grave y profunda, seductora. Le ofrezco el vaso, pero ni siquiera hace intención de cogerlo. Su boca atrapa la mía y saborea la bebida en mi lengua, explorando a su antojo mientras yo no tengo fuerza de voluntad para apartarlo ni resistirme. La mano que tenía apoyada en la pared viaja hasta mi nuca y sujeta mi cabeza agarrándome del pelo, mientras su otra mano se apoya en mi cintura levantando ligeramente la camiseta y rozando mi piel. Luego baja hasta mi culo y me aprieta contra él. Yo consigo sujetar el vaso a duras penas, y sin pensarlo, apoyo la otra mano en su cadera. Casi me clava contra la pared, y noto su erección presionando contra mi vientre.
—¡Eh, vosotros! ¿Por qué no os conseguís una habitación?
Rafa me suelta la boca tirando de mi labio con lascivia. Cuando me entere de cuál de mis amigas ha soltado esa "gracia", le cortaré la lengua, por bocazas. Él susurra provocativamente:
—De hecho, tengo una habitación. Mi hotel está a dos manzanas.
Recupero buena parte de mi cordura casi al instante, y consigo contestarle con cierta seguridad:
—No cuentes con ello. De aquí me voy directa a casa. Sola.
—Ya veremos. Aún tengo tiempo de convencerte. Desde que me llamaste imbécil no puedo pensar en nada más que en follarte hasta dejarte exhausta.
Mi pulso se dispara y mi cuerpo se enciende contra mi voluntad, pero no puedo hacerlo. No puedo irme con él. Nunca me he acostado con un desconocido y no va a ser hoy el día.
Clava sus ojos en los míos y me dice en un tono despreocupado:
—Voy al baño. No te muevas de aquí, ahora vuelvo.
Ni que me hubiera leído el pensamiento. Apenas ha hecho medio camino hacia el baño, me acerco a mis amigas y les digo que me voy. Ahora, antes de que haga algo de lo que estoy segura de que me arrepentiré mañana.
Hasta nunca, Rafa. Lo siento, pero hoy no es tu noche.

(Continuará...)


martes, 24 de diciembre de 2013

Tengo un sueño

Tengo un sueño. Un sueño que lleva enterrado en el fondo de mi cabecita muchos, muchos años. En todo este tiempo sólo lo he considerado eso, un sueño, y por eso, porque los sueños muchas veces parecen imposibles, nunca he hecho nada por hacerlo realidad.
Pero hace algún tiempo que empecé a pensar que, tal vez si uno se atreve a luchar por esos sueños, algún día puedan llegar a estar tan cerca, que se puedan incluso tocar con los dedos.
Mi sueño siempre ha sido escribir. Escribir y que alguien leyera lo que escribo. Convertirme en escritora.
Y como soy de esas personas que cada Navidad hacen una lista de propósitos de Año Nuevo, este año he decidido dedicar algunos de esos propósitos a acercarme un poco a ese sueño.
Mi Propósito Número 1 era crear este blog.
Un pasito que ya he dado.
No es tan difícil ¿lo ves?
Ahora tengo que seguir. 
Llevo tiempo escribiendo, por supuesto, aunque no comparta lo que escribo con mucha gente. Tal vez algún día lo comparta todo. De momento, como Propósito Número 2, he decidido publicar relatos. Para todo el mundo. Para que quien quiera, pueda leerlos aquí y contarme qué le parecen. 
Con un poco de suerte, quizás pueda ir tachando de la lista algún otro propósito y el año que viene haya conseguido al menos estar un poco más cerca de hacer mi sueño realidad.
Gracias por ayudarme a seguir caminando.